El Elche CF volvió a demostrar que no se rinde. En una noche de emociones fuertes en el Estadio Martínez Valero, el conjunto franjiverde empató (2-2) frente al RCD Espanyol de Barcelona gracias a un penalti transformado por Rafa Mir en los instantes finales. Un punto que sabe a resistencia, a carácter y a fe, aunque deja la sensación de que el equipo mereció más.
El partido arrancó con jarro de agua fría para los de casa. En el minuto 7, Kike García adelantó al cuadro catalán tras una acción rápida que sorprendió a la zaga ilicitana. El tanto obligó al Elche a remar desde muy pronto, pero lejos de venirse abajo, el equipo dio un paso al frente.
Con más posesión y presencia en campo rival, los franjiverdes comenzaron a encontrar grietas en la defensa perica. La insistencia tuvo premio al filo del descanso, cuando Marc Aguado aprovechó un error en la salida visitante para establecer el 1-1. El Martínez Valero estallaba y el equipo se marchaba al vestuario con la sensación de haber recuperado el pulso al encuentro.
Tras la reanudación, el duelo mantuvo el ritmo alto. El Espanyol volvió a golpear en el minuto 57 por medio de Carlos Romero, que sorprendió con un disparo certero para colocar el 1-2. De nuevo tocaba remar.
El Elche no perdió la compostura. Movió el banquillo, ganó profundidad por bandas y encerró progresivamente al conjunto blanquiazul. El tramo final estuvo marcado por la tensión, incluida una activación del protocolo antirracista tras un incidente entre Omar El Hilali y Rafa Mir que obligó a detener momentáneamente el encuentro.
Cuando el partido agonizaba, el VAR señaló penalti por mano en el área visitante. Rafa Mir asumió la responsabilidad y, con temple, transformó el 2-2 en el minuto 89. Gol de fe y justicia para un equipo que nunca dejó de creer.
El empate deja al Elche con sensaciones encontradas. Por un lado, la satisfacción de haber levantado dos veces un marcador adverso; por otro, la certeza de que el equipo compitió de tú a tú y generó argumentos para haber sumado los tres puntos.
La afición volvió a responder y el equipo, pese a las dificultades, mostró carácter competitivo. En una temporada exigente, el mensaje es claro: este Elche no baja los brazos.
